Primer premio · Concurso Público de Anteproyectos Arquitectónicos

Un edificio en Montevideo pensado por y para las mujeres de la Asociación Civil Mujeres con Historias: cuartos propios que se abren, poco a poco, a la vida compartida.

El edificio

Una axonométrica del edificio, espacio por espacioo

De abajo hacia arriba: el patio y la planta baja abierta al barrio, los pisos de cuartos propios con sus balcones, la enfermería, y en la azotea la huerta, el lavadero y el living-SUM con mirador. 

Por qué y cómo se pensó este edificio

Envejecer siendo mujer, en la ciudad

Para las mujeres, el envejecimiento está signado por desigualdades acumuladas a lo largo de la vida: trayectorias laborales más discontinuas, una histórica feminización del trabajo de cuidados y una menor presencia de sus experiencias en el diseño de las ciudades y las políticas habitacionales.

Disputar las formas de habitar la vejez implica también disputar el derecho a la ciudad en condiciones de autonomía, seguridad y pertenencia. Supone reconocer que el espacio urbano —sus proximidades, redes de apoyo y posibilidades de encuentro— forma parte de las condiciones que hacen posible un envejecimiento activo: permanecer en relación con otras personas, con el barrio y con las tramas comunitarias que sostienen la vida cotidiana.

Este proyecto nace de la decisión colectiva de un grupo de mujeres de disputar las formas socialmente disponibles de envejecer. Mujeres con trayectorias diversas que se reconocen portadoras de experiencia y de historia, y sujetas de su propio futuro.

Una pregunta íntima y política

Así emerge la pregunta que estructura esta propuesta: cómo habitar la vejez sin renunciar a la autonomía y a la vida en común. El envejecimiento no es únicamente un proceso biológico, sino también una construcción social atravesada por instituciones, políticas y representaciones culturales que definen el lugar que ocupan las personas mayores en la sociedad.

Frente a modelos habitacionales que suelen derivar en aislamiento o institucionalización, esta propuesta explora una alternativa: la vivienda colaborativa como forma de articular autonomía y comunidad. La arquitectura se concibe aquí como una infraestructura cotidiana del cuidado, un soporte material que habilita redes de apoyo mutuo y espacios de encuentro.

Del cuarto propio a la ciudad compartida

El proyecto se organiza a partir de una secuencia de gradientes entre lo individual y lo colectivo, que va del cuarto propio a la ciudad compartida. La célula mínima es el cuarto propio: una unidad residencial privada con baño que garantiza la intimidad y la soberanía personal, el núcleo de la autonomía individual.

A partir de allí, una serie de espacios intermedios expanden gradualmente la experiencia doméstica hacia lo común: el balcón compartido, el pasillo y los ámbitos colectivos del edificio, como la cocina, el SUM, la huerta, el mirador, el consultorio y los talleres. Equipados con lugares de estancia, estos espacios transforman el tránsito cotidiano en oportunidad de interacción y reconocimiento entre vecinas.

El conjunto incorpora, además, espacios semi-públicos —la cafetería y el Espacio MCH— que actúan como zonas buffer entre el edificio y la vida urbana, donde ciertas actividades del conjunto se proyectan hacia el barrio y la ciudad ingresa de manera controlada y amable al interior.

En lugar de una separación rígida entre lo público y lo privado, la arquitectura construye un sistema de gradientes donde los espacios se enlazan progresivamente, permitiendo distintos niveles de intimidad, encuentro y vida compartida —hasta encontrar su escala mayor: la ciudad compartida. La vivienda no debe ser un enclave aislado, sino una pieza activa dentro de la trama urbana, que propicia el encuentro entre las mujeres y su entorno.

El patrimonio y la construcción

Patrimonio: la casa preexistente es el corazón del proyecto. Es el espacio público, el nexo entre la ciudad y el espacio central del edificio, el acceso a la plaza seca y al Espacio Mujeres con Historias. El zaguán que daba ingreso a la casa se transforma en el acceso esencial de todo el proyecto, y el elemento preexistente se convierte en biblioteca y cafetería, generando también una posible ganancia económica para las habitantes.

Sistema constructivo: pensado al servicio del programa, buscando construirse de manera rápida y eficiente para una pronta puesta en funcionamiento. Se plantea un núcleo de hormigón armado como elemento estructural principal, aprovechando las medianeras existentes para proyectar una losa en dos apoyos que permite el volado necesario para cada actividad, liberando la planta baja y generando adecuadas condiciones de uso.

Equipo de anteproyecto — Base Arquitectura: Gastón Álvarez de Ron, Joaquín Bonfiglio, Francisco Erniaga, Emanuel Sagasti+ Lic. Lucía González CerecedaIG @basearq.uy

Planos y fachadas